
“Narrow Stairs” ( 2008 ) Death Cab for Cutie.
Nueva entrega de este cuarteto medio-famosón gringo de indie rock, que despues de decepcionarnos a algunos con su “Plans” del 2005, supieron enderezar el rumbo que la nave había tomado después de aquél magnífico “Transatlanticism” del 2003, mostrándose como los nuevos herederos del rockcito simple pero inteligente a la vez.
“Bixby Canyon Bridge” puede dejar la ligera sensación de haber sido extraída del “Black Holes and Revelations” de Muse, después “I Will Possess Your Heart” entra firme con su montón de texturas electrónicas sonando a alguna rola de The Postal Service (otro proyecto del vocal Ben Gibbard). “No Sunshine” es el clásico sonido simplón (pero chido) de la banda, pero la cosa se pone interesante con las piezas “tristonas” como “Talking Bird”, “Grapevine Fires” (sencillo por excelencia) o la final “The Ice is Getting Thiner”, dejando muy en claro que lo de Death Cab for Cutie es el melodrama. Melodrama, claro, que saben equilibrar y por lo tanto se disfruta.
Muy contrario a lo que suelo escuchar últimamente, aún así rifa jaja.

“Evil Urges” ( 2008 ) My Morning Jacket.
Uno de los discos que más había esperado en este año, sobre todo por el impacto que tuvo esta banda después de su multi-homenajeado “Z”, un disco que me impresionó, que le dio vueltas a cualquiera de mis playlist, que junto con “Dondante” me hicieron saber que existía también este estilo de ROCK. ¿Cuál estilo de rock?. Pues el de My Morning Jacket, estilo único e irrepetible.
Se hablará de lo extraño que suena “Highly Suspicious” (¡¡que gran canción jaja!!) la cual mezcla el ritmo y atrevimiento que se le han escuchado a Clap Your Hands and Say Yeah junto con los !!!, se hablará del punchis-punchis épico que se aventaron en “Touch Me I’m Going to Scream Part 2″ que hace un cierre bastante diferente comparado al de “Dondante” en el “Z”, se hablará también del dramatismo logrado en “Smokin’ From Shootin’” o del romanticismo explotable para cualquier ocasión que se fabrica en “Thank You Too”, sin embargo con lo que yo me quedo es con cualquiera de las demás canciones que componen al disco, que rayan dentro de un espectro acústico bastante agradable, algo así como lo logrado durante el año pasado en el “Sky Blue Sky” de Wilco.
Si esperabas de cierta forma escuchar una continuación del “Z”, te puedo decir que este disco te decepcionará. Por otro lado, si esperas escuchar otro GRAN disco de My Morning Jacket suene como suene al principio, pues llégale a otra de las joyas de este año. Amén.

“The Big Black” ( 2000 ) Orange Goblin.
En un mes donde el indie rock suavezón predominó en mi playlist tenía que buscar un balance con un poco de material pesado, ustedes saben, eso de lo que siempre hablo, riffs, ondas pachequeras, cadencia, actitud, ROCK DE HOMBRES. Y qué mejor que Orange Goblin (la banda del momento, por siempre) para satisfacer esta necesidad.
Si bien a mi gusto no superó a lo logrado en discos como “Time Travelling Blues” o “Healing Through Fire”, para los “clavados” fue de aquí de donde han salido algunos de los clásicos como “Scorpionica” o “Quincy The Pigboy” (vaya riff de esa rola). Otro disco de esos que no hace falta brincarte alguna canción, si bien todas las rolas andan en la onda riff-atasque-punch-grito en realidad en ningún momento llega a hartar (a menos claro, que te guste Keane).
“Cozmo Bozo” brinda los últimos destellos de las atmósferas espaciales que dejarían con el sonido del “Coup de Grace” mientras que los ataques de bajeo la hacen una rola imprescindible. “298 kg.” es otra de esas clásicas canciones de OG junto con “King of Hornets” que le dan peso a la segunda mitad del disco. “Alcofuel” brilla por su furia y velocidad, uno de esos riffs que incitan a comprarte una guitarra e intentar tocarlo, finalmente “The Big Black”, fiel al estilo de los cierres de OG, es una canción laaarga y pesada. Una vez más Orange Goblin no defrauda.

No, Virginia… ( 2008 ) The Dresden Dolls.
“No, Virginia…” es una recopilación de “Lados B” y de otras canciones que, por alguna razón, no vieron su luz durante la etapa de grabación del “Yes, Virginia…” del 2006.
Conocí de manera accidental a los Dresden Dolls ya que ellos le abrieron el concierto a NIN en aquél inolvidable 2 de Junio del 2005. Me sorprendió bastante que fueran sólo un dueto (el único dueto talentoso que conocía en ese entonces eran los White Stripes y, claro, Pimpinela), un wey -Brian Viglione- en la batería y otra -Amanda Palmer- (que exhibía una extraña sensualidad) en el piano, se plantaron valientemente ante una fanaticada que ya se moría por ver a Trent Reznor y compañía, sin embargo, el recibimiento al final que bastante bueno. Amanda Palmer cantaba y se contoneaba sobre el piano mientras mas de uno intentaba ver que había más allá de su rasgado liguero y debajo de esa diminuta falda, escuché “Coin-Operated Boy” (ya bastante choteada) y “Girl Anachronism” y con eso tuve suficiente para buscar aquél LP debut (homónimo) que me dejó bastante buen sabor de boca.
Con los Dresden Dolls la cosa no cambia, basando su sonido en una misma fórmula: la agradable/fúrica/melancólica voz de Amanda sobre una base de notas de piano y un acompañamiento de batería/guitarra a cargo de Brian. Fórmula que en este disco o producen canciones energéticas-movidonas (“Dear Jenny”, “Night Reconnaissance”, “Lonesome Organist Rapes Page-Turner” o “Pretty in Pink”) o producen canciones sombrías con tonos de melancolía (“The Gardener”, “The Mouse and the Model”, “The Sheep Song” o “Boston”), las cuales, de cierta forma, son las que disfruto más
. Si te agradan las voces femeninas (el referente que se me viene ahorita a la mente es Fiona Apple) o de música donde predomina el piano, te encantará este disco, si no, tal vez puedas dejarlo pasar.

“At Mount Zoomer” ( 2008 ) Wolf Parade.
Al fin el quintento canadiense de indie rock se animó a lanzar la continuación para aquél misterioso y enigmático “Apologies to the Queen Mary” del 2005, y puedo decir que lograron superar esa famosa prueba del “segundo disco”.
En realidad clasificar el sonido de Wolf Parade es dificil (uno generalmente le da la etiqueta indie rock a “algo” que es rock, que no sale en MTV y que directamente no se le puede poner otra etiqueta) debido a la amplia gama de sonidos y texturas que componen sus canciones, demasiados teclados, una confrotación tajante entre el optimismo y la melancolía (tal vez la manera en la cual ve la vida un canadiense), una voz peculiar y demás sonidos que si no se está acostumbrado pueden rápidamente alejar al escucha de discos como este.
La clave, al igual que siempre, es la paciencia.
Quizá 9 canciones sean pocas, pero prefiero “ahorrarme” minutos oyendo cosas como la ritmica “California Dreamer” o la melancólica “An Animal in Your Care” o la fastuosa “Kissing the Beehive” a estar chutándome el “revolucionario” Unplugged de Julieta Venegas. Wuaq!.
Comentarios recientes